El Conde Lucanor de don Juan Manuel

Este es un resúmen que escribí por mis clases Españoles de la edición de Alfonso I. Sotelo, dada a la luz por Alianza Editorial, S.A., España, 2000 (segunda edición). La primera parte constituye mi propia opinión, la segunda es uno de los Ejemplos que he copiado de la edición ya mencionada.
El Conde Lucanor es un libro medieval escrito por el infante don Juan Manuel en el siglo XIV. No es una novela sino una colección de moralejas que trata de dar consejos al lector en cuestiones de buen comportamiento, de buena fe y de buscar el equilibrio entre los deberes mundanos y religiosos.

El libro está compuesta de cinco partes, una muy larga y las otras bastante cortas. La primera, larga parte es la más interesante. Consta de cincuenta y un ejemplos en los que el autor pone un problema y lo traslada a una situación parecida, que sirve de ejemplo, reflejando la solución a ese ejemplo al problema original. En el prólogo don Juan defiende el uso de ejemplos diciendo que al contar historias graciosas espera capturar la atención del lector sin que él se aburra del contenido moralístico con el fin de que se aproveche del buen mensaje.

Los ejemplos tienen una estructura muy rígida, la narración enmarcada. En cada ejemplo hablan dos personas: el conde Lucanor que tiene un problema o está en dudas en cuanto a lo que tiene que hacer, y su consejero Patronio que escucha el problema y aconseja que el conde oiga una historia sobre una situación semejante. Luego el conde pide que Patronio cuente esa historia, quien prosigue haciéndolo. Al final el conde se muestra satisfecho al buen ejemplo, y don Juan (el autor) interviene diciendo que le gustó al él también y añade un par de versos que revelan la verdadera moraleja del ejemplo. Así la conversación del conde Lucanor y Patronio integran el marco dentro del cual se cuenta el ejemplo.

La estructura de cada ejemplo, que tiene solo unas pocas variaciones, es la siguiente:

Hablaba el conde Lucanor un día con Patronio su consejero de esta manera/y le dijo así:
-Patronio, [ el conde explica el problema ]. Por el buen entendimiento que vos tenéis, os ruego que me aconsejéis en esto.
-Señor conde, [ Patronio repite el problema o saca de ello lo que le parece lo esencial ]. Por eso me gustaría que supieseis lo que acaeció/aconteció a ... con ...
El conde le rogó que le dijese cómo fuera aquello.

[ sigue el ejemplo ]

Al conde agradó mucho este ejemplo que Patronio le dio; hízolo asi y hallóse/encontróse por ello bien.

Y entendiendo don Juan que éste era muy buen ejemplo hízolo escribir en este libro e hizo estos versos que dicen así:

[ versos ]

En las otras partes Patronio ya no tiene muchas ganas para contar más ejemplos y al preguntárselo el conde contesta que solo va a dar consejos sin ejemplos. Esas partes contienen una gran cantidad de moralejas de una sola frase , incluso una parte en la que don Juan dice - por boca de Patronio - que habla muy oscuro, es decir escondiendo la intención de lo dicho, y la parte final en la que Patronio está harto con dar consejos y solo habla de lo provechosa que es la santa fe católica.

Parece que los problemas descritos en los ejemplos los tuvo don Juan en su propia vida, y que en muchas ocasiones los consejos de Patronio describen sus propias soluciones y hasta la manera en la que él mismo actuó. Desde este punto de vista el libro de los ejemplos puede considerarse como autobiográfico con la persona de don Juan dividida en dos: como el conde Lucanor llevando los problemas, y como Patronio resolviéndolos. De esto se puede observar un gran orgullo, lo que se hace aun más obvio en los lugares donde Patronio refiere a otros libros que don Juan Manuel escribió.

Muchos de los ejemplos tratan de los dilemas que tenía el conde Lucanor - y por tanto probablemente don Juan Manuel - al escoger el camino correcto entre los deberes de los ricos y poderosos: mejorar sus `haciendas' y sus `estados' - es decir hacer lo que les deba y proveche en este mundo - y el cumplir la ley de Dios para guardar su alma y alcanzar la gloria del Paraíso. Entiende que entre los dos hay gran discrepancia y busca actuar lo mejor posible en un sentido sin dañar al otro. Así que hay unos ejemplos de problemas más bien profanos mientras que hay otros de sujetos religiosos, y otros más que se dirigen a sus dudas eligiendo entre ambos.

Antes de leer los ejemplos es preciso darse cuenta de unas características del lenguaje de los tiempos de don Juan Manuel, seg˙uacuten la introducción a esa edición.

Primero, don Juan usa el subjuntivo del futuro. Eso es un aspecto ahora desaparecido de la lengua salvo en textos jurídicos. Se reconoce de las formas semejantes a las del subjuntivo del imperfecto en -ra excepto que acaban en -re. En la lengua moderna ha sido sustituido por el subjuntivo del presente.

Segundo, para don Juan hay gran distinción entre los dos subjuntivos del imperfecto. El en -ra ``mira atrás'' y resulta expresando efectivamente el pluscuamperfecto en oraciones subordinadas. En cambio, el subjuntivo en -se ``mira adelante''. En el Español moderno la distinción ya no la hay.

Don Juan construye sus oraciones muy largas con extenso uso de palabras como `que' y participios para pegar muchas frases en una. Por fin, en la lengua formal de aquellos días la gente se dirigía el uno al otro de la forma `vos'. Las formas son las mismas que las de `vosotros'.

Y ahora... una cosa ¡completamente diferente!

Ejemplo XIV. Del milagro que hizo Santo Domingo cuando predicó sobre el usurero

Un día hablaba el conde Lucanor con Patronio de sus asuntos y le dijo:

-Patronio, algunos hombres me aconsejan que reúna el mayor tesoro que pudiera y que esto me conviene más que nada para cualquier cosa que me acontezca. Os ruego que me digáis lo que os parece sobre ello.

-Señor conde -dijo Patronio-, aunque a los grandes señores os conviene tener algún tesoro para muchas cosas y sobre todo para que no dejéis, por falta de haberes, de hacer lo que os conviniere, sin embargo no penséis que este tesoro debéis reunir de modo que pongáis tanto el afán de reunir gran tesoro que dejéis de hacer lo que debéis a vuestras gentes y para guarda de vuestra honra y de vuestro estado, porque, si lo hicieseis, os podría suceder lo que sucedió a un lombardo en Bolonia.

El conde le preguntó cómo fuera aquello.

-Señor conde -dijo Patronio-, en Bolonia había un lombardo que reunió muy gran tesoro y no miraba si era de buena procedencia o no, sino juntarlo de cualquier manera que pudiese. El lombardo enfermó de dolencia mortal, y un amigo que tenía, cuando lo vio a las puertas de la muerte, le aconsejó que se confesase con Santo Domingo, que estaba entonces en Bolonia. Y el lombardo quiso hacerlo.

»Cuando fueron por Santo Domingo, comprendió Santo Domingo que no era voluntad de Dios que aquel mal hombre no sufriese el castigo por el mal que había hecho y no quiso ir allá, mas mandó a un fraile que fuese allá. Cuando los hijos del lombardo supieron que había enviado por Santo Domingo, se preocuparon mucho temiendo que Santo Domingo haría que su padre diese lo que tenía por su alma y no quedaría nada para ellos. Cuando el fraile llegó, le dijeron que su padre sudaba, mas cuando conviniese que ellos enviarían por él.

»Al poco rato perdió el lombardo el habla y murió, de manera que no hizo nada de lo que había menester para su alma. Al otro día, cuando lo llevaron a enterrar, rogaron a Santo Domingo que predicase sobre aquel lombardo. Y Santo Domingo lo hizo. Cuando en la predicación tuvo que hablar de aquel hombre, dijo una máxima que dice el Evangelio, que dice así: `Ubi est thesaurus tuus ibi est cor tuum', que quiere decir: `Donde está tu tesoro, allí está tu corazón'. Cuando dijo esto, volvióse a las gentes y les dijo:

»-Amigos, para que veáis que la palabra del Evangelio es verdadera, haced buscar el corazón de este hombre y yo os digo que no lo hallaréis en su cuerpo, sino que lo hallarán en el arca en que tenía su tesoro.

»Entonces fueron a buscar su corazón en el cuerpo y no lo hallaron allí; lo encontraron en el arca como Santo Domingo dijo. Estaba lleno de gusanos y olía peor que ninguna cosa por mala y por podrida que fuese.

»Vos, señor conde Lucanor, aunque el tesoro, como antes os he dicho, es bueno, procurad dos cosas: una, que el tesoro que reuniereis sea de buena procedencia; otra, que no pongáis tanto el corazón en el tesoro que hagáis alguna cosa que no os convenga hacer; ni dejéis nada de vuestra honra, ni de lo que debéis hacer para reunir gran tesoro de buenas obras para que tengáis la gracia de Dios y buena fama de las gentes.

Al conde gustó mucho este consejo que Patronio le dio, hízolo así y se encontró por ello bien.

Pensando don Juan que este ejemplo era muy bueno, lo hizo escribir en este libro e hizo estos versos que dicen así:
Gana el tesoro verdadero
y guárdate del perecedero.